En el agua...
Podríamos estar allí para salvar ballenas, delfines o ese lugar.. eso no lo recuerdo.
Recuerdo en cambio, el agua. Su profundidad, su densidad de algas y burbujas estando ahí abajo. Mirando hacia arriba, los rayos del Sol atravesandolo todo. El color. Verdoso, amarillento.
Nadábamos. Saltábamos felices entre las rocas de la orilla. Escondidos en los árboles. Acechando. Él me cogía de la mano sonriéndome. Los días eran hermosos. El tiempo lento.
No sé qué debíamos hacer pero el momento llegó. Todos chapoteando en el agua. Corriendo, nadando y luego buceando. Había que hacerlo. El barco llegaba. Luchábamos contra algo, por algo. Luchábamos por ese espacio. El agua verdosa y amarilla. Si nosotros estábamos en el agua ellos no podrían hacer lo que quiera que fueran a hacer allí.
Mi vestido era blanco y su vuelo se desplegaba y plegaba a mi alrededor en la profundidad.
Todos nadábamos. Salíamos a respirar y gritábamos alegres por estar ahí. Él nadaba cerca de mí. Me sujetaba, me abrazaba. Gritábamos abrazados. El riesgo a estar ahí, la muerte cerca. La muerte por la vida.
Llegaron las redes. No pudimos evitarlas. Ahora gritábamos en la profundidad y el grito se perdía en el agua. Nos cogieron.
Ya en el barco nos llevaron hacía una sala. Todo estaba perdido. Todos juntos. Nos mirábamos. LLorábamos.
No sé cómo ocurrió pero pude escapar. Ví una oportunidad y en un segundo yo era la única que podría salir de allí y evitar la catástrofe. Nada me detendría. Las lágrimas me cegaban. El miedo, el miedo a no llegar a hacerlo. Había que actuar. Había que correr y corrí. Corrí por pasillos, abrí puertas, subí escaleras, esquivé marineros. Altos, fuertes, bajos, rudos. Me sujetaban, los pliegues de mi vestido blanco entre sus manos... escapando...
Llegué hasta cubierta abriendo una puerta de metal. No imaginaba que el Sol estaría ahí, al abrir esa puerta igual que las demás, así que el Sol me cegó durante unos segundos. Recuerdo el olor. El aire. El cambio al salir fuera y notar el aire en mi cara.
Me sujeté a la barandilla. La pintura blanca a medio caer. Mis manos recorriéndola para no caerme por la emoción de ver al agua nuevamente. Poder hacerlo.
Les oía detrás mío. Les esquivé. Llegué hasta un lateral y ahí me subí a la barandilla agarrándome a un mástil. Las cuerdas atadas a él. Vueltas y más vueltas de cuerda mojada. El aire en mi cara y mi respiración cortada. Iba a saltar cuando le escuché detrás mío. Gritaba mi nombre y al girarme le ví ahí de pié. No le conocía. No formaba parte de la tripulación, estaba ahí por negocios. Su traje, su corbata, sus ojos claros y su pelo tan negro pidiéndome que no saltara, que me iba a matar, que todo era profundidad, que el golpe me mataría. Yo le miraba y no podía pensar. Vivir o saltar. La imágen de mi compañero en mi cabeza. Su voz. Sabía lo que tenía que hacer, estaba desesperada por hacerlo, pero ahí estaba él tan guapo rogándome que no saltara...
Salté.
El ruído al caer contra el agua y luego el silencio. Nuevamente los pliegues de mi vestido blanco giraban a mi alrededor. El verdoso y amarillo del fondo con los rayos del Sol atravesándolo. Las burbujas. La voz de mi compañero en mi cabeza. La sensación de hundimiento. El dejarse. Contaba los segundos que tardaría en llegar al fondo, sabiendo que no aguantaría tanto sin respirar, que me ahogaría.
Me hundía. Los segundos, el verdoso y amarillo oscureciendo, la luz apagándose con la profundidad, la paz, mi vestido blanco, su voz, su risa, mi Amor por él, la presión del agua en mi piel y por fín el tacto de la arena en mis pies descalzos al llegar al fondo.
Mis últimos segundos fueron todos para él, orgullosa por haberlo logrado por todos ellos. Le imaginaba sonriendo al saber de mi victoria. Él, mi compañero, al que dejé en el barco, el que gritaba mi nombre con lágrimas en los ojos rogándome que saltara...
Recuerdo en cambio, el agua. Su profundidad, su densidad de algas y burbujas estando ahí abajo. Mirando hacia arriba, los rayos del Sol atravesandolo todo. El color. Verdoso, amarillento.
Nadábamos. Saltábamos felices entre las rocas de la orilla. Escondidos en los árboles. Acechando. Él me cogía de la mano sonriéndome. Los días eran hermosos. El tiempo lento.
No sé qué debíamos hacer pero el momento llegó. Todos chapoteando en el agua. Corriendo, nadando y luego buceando. Había que hacerlo. El barco llegaba. Luchábamos contra algo, por algo. Luchábamos por ese espacio. El agua verdosa y amarilla. Si nosotros estábamos en el agua ellos no podrían hacer lo que quiera que fueran a hacer allí.
Mi vestido era blanco y su vuelo se desplegaba y plegaba a mi alrededor en la profundidad.
Todos nadábamos. Salíamos a respirar y gritábamos alegres por estar ahí. Él nadaba cerca de mí. Me sujetaba, me abrazaba. Gritábamos abrazados. El riesgo a estar ahí, la muerte cerca. La muerte por la vida.
Llegaron las redes. No pudimos evitarlas. Ahora gritábamos en la profundidad y el grito se perdía en el agua. Nos cogieron.
Ya en el barco nos llevaron hacía una sala. Todo estaba perdido. Todos juntos. Nos mirábamos. LLorábamos.
No sé cómo ocurrió pero pude escapar. Ví una oportunidad y en un segundo yo era la única que podría salir de allí y evitar la catástrofe. Nada me detendría. Las lágrimas me cegaban. El miedo, el miedo a no llegar a hacerlo. Había que actuar. Había que correr y corrí. Corrí por pasillos, abrí puertas, subí escaleras, esquivé marineros. Altos, fuertes, bajos, rudos. Me sujetaban, los pliegues de mi vestido blanco entre sus manos... escapando...
Llegué hasta cubierta abriendo una puerta de metal. No imaginaba que el Sol estaría ahí, al abrir esa puerta igual que las demás, así que el Sol me cegó durante unos segundos. Recuerdo el olor. El aire. El cambio al salir fuera y notar el aire en mi cara.
Me sujeté a la barandilla. La pintura blanca a medio caer. Mis manos recorriéndola para no caerme por la emoción de ver al agua nuevamente. Poder hacerlo.
Les oía detrás mío. Les esquivé. Llegué hasta un lateral y ahí me subí a la barandilla agarrándome a un mástil. Las cuerdas atadas a él. Vueltas y más vueltas de cuerda mojada. El aire en mi cara y mi respiración cortada. Iba a saltar cuando le escuché detrás mío. Gritaba mi nombre y al girarme le ví ahí de pié. No le conocía. No formaba parte de la tripulación, estaba ahí por negocios. Su traje, su corbata, sus ojos claros y su pelo tan negro pidiéndome que no saltara, que me iba a matar, que todo era profundidad, que el golpe me mataría. Yo le miraba y no podía pensar. Vivir o saltar. La imágen de mi compañero en mi cabeza. Su voz. Sabía lo que tenía que hacer, estaba desesperada por hacerlo, pero ahí estaba él tan guapo rogándome que no saltara...
Salté.
El ruído al caer contra el agua y luego el silencio. Nuevamente los pliegues de mi vestido blanco giraban a mi alrededor. El verdoso y amarillo del fondo con los rayos del Sol atravesándolo. Las burbujas. La voz de mi compañero en mi cabeza. La sensación de hundimiento. El dejarse. Contaba los segundos que tardaría en llegar al fondo, sabiendo que no aguantaría tanto sin respirar, que me ahogaría.
Me hundía. Los segundos, el verdoso y amarillo oscureciendo, la luz apagándose con la profundidad, la paz, mi vestido blanco, su voz, su risa, mi Amor por él, la presión del agua en mi piel y por fín el tacto de la arena en mis pies descalzos al llegar al fondo.
Mis últimos segundos fueron todos para él, orgullosa por haberlo logrado por todos ellos. Le imaginaba sonriendo al saber de mi victoria. Él, mi compañero, al que dejé en el barco, el que gritaba mi nombre con lágrimas en los ojos rogándome que saltara...
contemplative
lethargic
sad
sick
blank
weird
calm
blah